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¿Cuánta vitamina D, hierro y calcio necesitas de verdad? Las cifras oficiales

15 microgramos de vitamina D, 11-16 mg de hierro, 950 mg de calcio. Son las referencias de la EFSA para adultos, y casi nadie las conoce. Qué significan, de qué alimentos salen y cuándo preocuparse.

Equipo bien comido4 min de lectura

Las cifras, primero. Para un adulto sano, las ingestas de referencia que fija la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) son: vitamina D, 15 µg al día (600 UI); hierro, 11 mg al día para hombres y mujeres postmenopáusicas y 16 mg para mujeres en edad fértil; calcio, 950 mg al día a partir de los 25 años. Son las referencias que usan los organismos europeos, y merece la pena conocerlas porque estos tres nutrientes concentran buena parte de los déficits reales en España.

Vamos uno por uno: qué hace, cuánta cantidad es, de dónde sale y qué trampa tiene.

Vitamina D: 15 µg al día (y el sol como variable oculta)

La referencia de la EFSA es una ingesta adecuada de 15 µg/día (600 UI) para cualquier persona sana a partir de 1 año. El matiz importante: esa cifra se fijó asumiendo una síntesis cutánea mínima, porque la fuente principal de vitamina D no es la comida, es el sol.

De la dieta, las fuentes que cuentan de verdad son pocas:

  • Pescado azul: una ración de salmón puede aportar la mayor parte del día; sardinas, caballa y boquerones también suman de forma relevante.
  • Yema de huevo y lácteos enriquecidos (mira la etiqueta: los no enriquecidos aportan poco).

La trampa: en invierno, con trabajo de interior, la síntesis solar cae en picado y la dieta media no llega a los 15 µg. Por eso la vitamina D es de los pocos casos donde la pregunta por el suplemento es razonable — pero la respuesta correcta pasa por una analítica y tu médico, no por el estante de la parafarmacia.

Hierro: 11 mg (hombres) o 16 mg (mujeres en edad fértil)

La referencia de la EFSA para el hierro distingue dos grupos: 11 mg/día para hombres adultos y mujeres postmenopáusicas, y 16 mg/día para mujeres en edad fértil — un 45 % más, por las pérdidas menstruales. Es la diferencia individual más grande de los tres nutrientes, y explica por qué el cansancio por falta de hierro tiene rostro mayoritariamente femenino.

Las fuentes, en dos ligas distintas:

  • Hierro hemo (carne roja, hígado, mejillones, berberechos): se absorbe mucho mejor.
  • Hierro no hemo (lentejas, garbanzos, espinacas, pistachos): se absorbe peor, pero con truco — la vitamina C multiplica su absorción. Pimiento crudo en la ensalada de garbanzos, limón sobre las lentejas, naranja de postre.

Con el hierro, el "cuánto" importa menos que el "con qué": 8 mg bien acompañados rinden más que 12 mg tomados con té o café, que inhiben la absorción.

Si tu menú es bajo en carne, no hace falta volver a ella: hace falta diseñar las combinaciones. En qué son los micronutrientes explicamos por qué estas interacciones importan tanto como las cantidades.

Calcio: 950 mg al día (y la leche es opcional)

La referencia de la EFSA para adultos desde los 25 años es de 950 mg/día (1.000 mg entre los 18 y los 24, porque el hueso aún está consolidándose). El calcio sostiene huesos y dientes, pero también participa en la contracción muscular y la coagulación.

El error habitual es reducirlo a "beber leche". Fuentes que suman, con lácteos o sin ellos:

  • Lácteos: un vaso de leche o un yogur aportan en torno a una cuarta parte del día.
  • Pescado con espina: sardinas y boquerones en conserva son de lo más denso que existe en calcio.
  • Tofu cuajado con sales de calcio, almendras, sésamo y tahini, brócoli y hoja verde, bebidas vegetales enriquecidas.

La trampa del calcio es que trabaja en pareja: sin vitamina D suficiente, el calcio que comes se fija peor. De poco sirve clavar los 950 mg si la vitamina D lleva todo el invierno bajo mínimos — es el ejemplo perfecto de por qué mirar los nutrientes de uno en uno engaña.

Cómo saber si llegas (sin pesar comida a diario)

Tres señales rápidas mirando tu semana, no tu día:

  1. ¿Pescado azul 1-2 veces por semana? Si no, vitamina D y omega-3 probablemente cojean.
  2. ¿Legumbre 4 veces y algo de vitamina C al lado? Si no, el hierro vegetal que comes rinde menos de lo que crees.
  3. ¿Dos o tres fuentes de calcio al día (lácteo, sardinas, tofu, almendras)? Si no, difícilmente sales en 950 mg.

Y la solución de fondo no es memorizar tablas: es que tu menú semanal tenga las frecuencias bien puestas desde el diseño. Cuando la semana incluye pescado azul, legumbre y verdura variada por defecto, estas tres cifras se cubren solas — y una herramienta que sume los micronutrientes de tu semana te dice exactamente dónde está el hueco, sin básculas ni hojas de cálculo.

Las cifras son de organismo público y están enlazadas; tu caso concreto —embarazo, medicación, déficit diagnosticado— es conversación para tu médico o tu dietista-nutricionista.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta vitamina D necesita un adulto al día?
La EFSA fija una ingesta adecuada de 15 microgramos al día (600 UI) para personas sanas a partir de 1 año, asumiendo una síntesis cutánea mínima por el sol. Muy pocos alimentos la aportan en cantidad relevante: pescado azul, yema de huevo y lácteos enriquecidos. Si hay poca exposición solar, conviene valorarlo con el médico mediante una analítica.
¿Cuánto hierro necesitan las mujeres y los hombres?
Según la EFSA, la ingesta de referencia es de 11 mg al día para hombres adultos y mujeres postmenopáusicas, y de 16 mg al día para mujeres en edad fértil, por las pérdidas menstruales. Esa diferencia del 45 % explica por qué la falta de hierro es mucho más frecuente en mujeres.
¿Cuánto calcio hay que tomar al día y hace falta beber leche?
La EFSA establece 950 mg diarios para adultos a partir de 25 años (1.000 mg entre 18 y 24). No hace falta que venga de la leche: sardinas con espina, tofu cuajado con sales de calcio, almendras, sésamo, brócoli y bebidas vegetales enriquecidas también suman. Lo que importa es el total del día, venga de donde venga.
¿Es mejor cubrir estos nutrientes con comida o con suplementos?
Con comida siempre que sea posible: los alimentos aportan el nutriente con su contexto (fibra, proteína, otros micronutrientes) y es muy difícil pasarse. Los suplementos tienen sentido cuando hay un déficit diagnosticado o un riesgo claro —vitamina D con poca exposición solar es el caso más habitual—, y conviene decidirlo con un profesional sanitario, no por catálogo.